A la mierda el fútbol

¡Y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra!
La cuestión no es que tengamos que ser unos culturetas acabados, unos sabios intelectualoides que no hacen nada más que hablar sobre las Flores del Mal o la Eneida, qué sé yo, para eso ya están los gafapastas que se pasan cinco horas en las librerías por las tardes "apuntando bibliografía" mientras se hacen los guays cogiendo este o aquel tomo que jamás en su puta vida leerán. La cuestión es tener objetivos, ser consciente de ellos y luchar para conseguirlos.
Todos los divertimentos y distracciones que la vida moderna nos ofrece (empezando por la escritura impía de este blog o cualquier otra cosa) deberían ser vistos como eso, divertimento y distracción, no como el objetivo máximo. Que me da vergüenza escuchar depende de qué conversaciones, depende de qué conceptos esputados por los típicos habitantes de los bares, ahítos de carajillos y a medianas, que no tienen ninguna expectativa, ninguna posibilidad, ninguna intención de tenerlas.
El fútbol gestiona toda esta pasión, todo este divertimento, a su favor, como los bancos. Prensa, camisetas, canales de pago, publicidad antes-durante-después de los partidos y un largo etcétera que alimenta a una pequeñísima fracción de la población y a los demás nos deja con la típica frase de "Si me pagaran lo que a él saldría al campo a partir piernas, como un loco".
En esencia lo que quiero decir es que si todos nos centráramos más en las metas de nuestra vida (o en crearlas), y menos en mierdas que nos distraen (ya sea el fútbol o cualquier otra cosa), quizás el mundo iría a mejor –siempre y cuando tu meta no sea cometer genocidios a casco porro, se me entiende–.
Paz